Te saco de mí en tinta porque no me dejás leer, sólo leerte. Morderte. Eso quiero. Pero no sé por qué. Y aún el por qué. La razón, la causa o el objetivo final. Si es que algo de todo eso hay. Porque lo único que veo es distancia. Distancia temporal, espacial, sensorial. Si sólo tu voz escuché lejana una vez. Si sólo tu olor sentí y olvidé. ¿Por qué entonces? ¿Por qué? Porque no me dejás leer, sólo leerte. Releerte. Verte. Cogerte. Fuerte. Tan fuerte como la niñez perdida. Como lo inimaginable de tu cuerpo. Como el deseo perenne de un olvido sin grito. Sin voz, sin boca ni aliento.

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