Verdugo amante

Y así sobrevivo, con amores insustanciales que regocijan nada más que mi placer mundano, hedonista.

Solitario respiro en un mundo donde lo real es una reliquia.

No consigo alejarme de los pecados sociales aunque tampoco lo deseo.

Paso el tiempo recorriendo callejones nuevos intentando rellenar mi alma con éxitos superfluos.

De antaño vengo hacia un final, y sigo errando y errando.

Un individuo mortal, un verdugo amante con la hoja de la gloria bien afilada y esperando la próxima metamorfosis de su exquisita musa.

Te dejé

Dependerá de los hechos y de las efímeras sogas que, tan fácilmente, se desprenden del puerto. Has sido la única que supo mi verdad, y sinceramente, no me interesa. Déjame respirar, por favor no oprimas mi pecho con sollozos, con lamentos, con lágrimas.

Un día dijiste, si el aire se acaba, te abrazaré hasta que vuelva, dilo una vez más, dilo una vez.

Te adoro, y te dejo en manos del crudo universo, en la calle peligrosa, llena de envidia a causa de mi amor.

Locura perdida, razón olvidada. Te dejo una sola vez, hundida, en la bella soledad.

Una estupidez

La Patria. La gente. La religión. El contexto y vos. Tu entorno. Tu madre. Tu padre. Tus locuras y pensamientos. Los planes. Los proyectos. Las ideas. Una sociedad y sus condiciones. El llanto de una loba sin sus crías. El llanto que te presiona en la garganta. Ése que no se transforma en lágrimas e intentas ahogarlo con humo seco. Intentas aplastarlo, quemarlo, hundirlo, mandarlo al estómago y digerirlo y cagarlo. John Lennon. Eric Clapton. Y otra vez esa canción. Que no te ayuda para nada. Que no te envía a ningún lado. Otro cigarrillo más. Y estoy escribiendo estupideces.

En amor

Uno no se enamora de las personas sino de las situaciones y del comportamiento del otro dentro de ese contexto idílico. La lujuria, la pasión, las caricias, los besos, el sexo, el sudor, todas éstas son influencias directas del enamoramiento situacional. Sigue leyendo